



FICHA ARTÍSTICA
Texto original: F. Dostoievski
Dramaturgia: Emilio Palacios
Dirección: Emilio Palacios
Reparto: Juanma Zamorano (Nicolás Guín, Chenko)
Emilio Palacios (Pedro Berkin, Capitán Lebián)
César Pedrosa (Obrero, Kiril, Feska, Galo, persona del barrio)
Claudia Cabré (presx, María Lebián, Piti, policía 1, persona del barrio, periodista)
Rosa Zamorano (Oficial, Feska, Casera de Guín, persona del barrio, Mari, Liam, policía 2)
Irene Ropero(Lisa Tina, soplón, monje, De la Virgen)
Carlos Peregrín (Chato, funcionario, persona del barrio)

En una ciudad rural y empobrecida, la juventud desesperada se deja llevar por ideas extremistas.
Pedro Berkin, joven revolucionario, planea sembrar el caos y derrocar al poder. Sin una organización suficientemente sólida, busca involucrar en sus planes a Nicolás Guin, especie de hijo pródigo de la clase dirigente.
Sin embargo, Nicolás, obsesionado con un oscuro secreto, intenta evitar inmiscuirse en nuevos crímenes…
En este ambiente de revuelta y fiebre ideológica, donde se incita al asesinato, al suicidio y a la destrucción social, un miembro del grupo revolucionario ha cambiado radicalmente su forma de pensar y, a fin de quedar en paz con los demás, espera instrucciones para devolver una imprenta clandestina que se niega a seguir custodiando.
Pero Berkin- desconfiado- no está tan dispuesto a dejarle marchar, y Guin – presa de la obsesión- no está claro que pueda proteger a nadie.
Por Emilio Palacios:
Sobre la novela original: Dostoievski escribió una sátira de mil páginas (Los demonios) para exponer las luces y sombras del burgués y aristócrata ruso de su generación -idealistas poco prácticos, que soñaban con un mundo mejor mientras tenían siervos- y del nihilista de la generación más joven – llenos de odio a sus predecesores, pero también de desprecio al pueblo que había que liberar, y enfocados en la acción concreta (terrorismo incluido). Mucha gente la considera una de las mayores proezas escritas en prosa…
En su tiempo, tanto amigos como enemigos se le echaron encima por la “exageración” de la historia y los caracteres que relata, pues “hacen pensar” en “enfermos mentales como el propio autor, pero no como la gente normal” en especial la joven, que siente que se la parodia hirientemente y con mal gusto. Además, la censura casi lo prohíbe, y hay un capítulo que no será incluido hasta sesenta años después (con Dostoievski ya muerto), porque en él, un joven confiesa haber dejado que una preadolescente se quite la vida, tras caer en depresión (y en terror al castigo divino) después de tener sexo y ser acto seguido rechazada por él… El tipo de cosas que dan fama e inmortalizan a Dostoievski: subyaga a los lectores y si, en su día, incomodaba a quienes querían controlar el pensamiento, hoy sigue irritando al que quiere teñirlo entero del color que le favorezca. La defensa que él se hacía: “no soy solo realista, y no exagero mis personajes: veo una realidad más poderosa que la que ellos pintan. Con mi fantasmagoría, tengo más realidad que los realistas. Mi realismo, que no niega las fuerzas misteriosas que nos mueven…”. Por citar un solo ejemplo, David Foster Wallace, más de un siglo después, dirá que los personajes de Dostoievski “viven. No son personajes, una vez los lees, los recuerdas siempre como recuerdas a alguien que has conocido”.
Sobre la obra teatral: He adaptado lo -para mí- esencial de esa novela a una obra de teatro: de mil páginas en prosa a unas sesenta de dramaturgia. Actualizado el lenguaje y cambiado nombres propios por sustitutos posibles para la pronunciación española (de Nikolai Vsevolodovich Stavroguin a Nicolás Guin; de Maria Timoféyevna Lebiadkina a María Lebián, por citar dos ejemplos); y preparado esta obra con otros seis actores y actrices, donde todxs interpretamos varios personajes; siempre en la búsqueda del juego sin complicarnos la vida, buscando actuar de manera fácil y sencilla (de ahí la escasez material en la propuesta: casi todo lo que hay lo generamos nosotros con el texto y con nuestra imaginación): el espacio, casi vacío; atrezzo… aún estamos decidiendo si incluir algo, o hacer imaginar sin mostrar los objetos; el grupo junto en el escenario aun cuando haya escenas de dos; mínimo juego de luces y sonidos y máximo juego actoral para contar las escenas con creatividad; vestuario, actual y libre… son ejemplos de nuestra propuesta.
Podría hablar más sobre cómo nos preparamos para un montaje así, cómo es hacerlo con este texto, cómo es dirigiendo y actuando, o por qué ahora Dostoievski, y Los demonios… pero creo que lo más acertado es dejar que la función hable por sí sola, si es que tiene algo que decir (nuevo seguro que no, pero tal vez sí necesario y disfrutable). Porque podría hablar mucho, pero sin decir nada más verdadero que no sé: no sé por qué, y eso quizá sea lo mejor.